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Un juez de Navarra califica como delito de coacciones distintas actuaciones de un sindicalista en el marco de una movilización frente a unos despidos

By 1 julio, 2019 No Comments

Los hechos que recoge la sentencia tuvieron lugar durante los San Fermines del pasado año. En concreto, el día 6 de julio se tuvo conocimiento de que la empresa, un restaurante, había despedido a 4 trabajadores.

En respuesta, la organización sindical a la que pertenecía el ahora condenado, organizó diversas protestas y acciones frente al local a partir del día siguiente, 7 de julio, y a lo largo de varias jornadas posteriores.

Según la versión del sindicato, los despidos se habrían producido como represalia por no haber votado a la opción favorecida por la empresa en las elecciones sindicales y las protestas se habrían limitado a colocar pegatinas llamando al boicot contra la empresa y a solicitar la readmisión de los trabajadores, así como a usar un megáfono en el interior del establecimiento para informar a los clientes de la situación.

manifestación constituciónAhora bien, la sentencia, que entiende que el sindicalista condenado era el que dirigía a los concentrados en protesta y les impartía instrucciones, considera probado, entre otros hechos que, a su juicio, exceden la libertad sindical, que el grupo intentó entrar en el local a pesar de que los empleados del restaurante intentaron evitarlo, llegando a empujar a uno de ellos, que consiguieron acceder al interior del local y dentro del mismo, haciendo uso del megáfono, continuaron gritando consignas en contra de la empresa mientras los clientes estaban en el interior del establecimiento, algo que, interfirió en el normal desarrollo de la actividad, impidiendo a los trabajadores llevar a cabo sus funciones. Igualmente considera que, mediante la pegada indiscriminada de carteles que tuvo lugar, y que exigía una inmediata limpieza para permitir el funcionamiento adecuado del local, el empleo de un megáfono dirigiéndose directamente a los clientes que se hallaban comiendo en el local mientras se colocaban carteles en sus mesas, así como el colocarse con una pancarta en la puerta de entrada al restaurante, de modo que se impedía la entrada y salida tanto de clientes como de trabajadores, se sobrepasan los límites permitidos para la línea de acción sindical, para entrar en el terreno delictivo de las coacciones, afirmando que “eso no es informar, es perjudicar con una acción excesiva”.

Llega a esa conclusión tras analizar las fotografías y videos de las protestas, así como los testimonios de varios trabajadores que no participaron en las protestas y, también, el testimonio de un policía que, acudiendo al restaurante ante las protestas que se estaban sucediendo, afirmó haber visto temor en los empleados que no participaban en la movilización.

Sin perjuicio de que la sentencia no sea firme y, previsiblemente, vaya a ser recurrida, lo cierto es que puede sentar un precedente peligroso respecto a lo que a los posibles excesos en el ejercicio de la libertad sindical se refiere, campo en el que, hasta la fecha, se ha sido más laxo que en otros ámbitos, tolerando conductas que habrían sido sancionables en otros contextos.